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martes, 24 de abril de 2012

Economía en el periodo de entreguerras


Los procesos económicos durante la etapa de entreguerras influenciaron gravosamente los regímenes políticos y el grueso de la sociedad para acabar desembocando en la oleada totalitaria europea, tanto del este como del oeste, con sus diferencias provenientes de una historia troncal dividida en múltiples fragmentos. Europa occidental no es Europa oriental.
El continente Europeo, recién perdida la Primera Guerra Mundial, experimentó un profundo retroceso económico que influyó políticamente al resto del mundo, marcando la preponderancia de los EEUU en el contexto de pérdidas coloniales, hechos que, a su vez, propiciaron el aislamiento de las potencias “aliadas hacia una autarquía financiera y productiva”, abandonando a su suerte varios países de reciente gestación o de tradición agrícola.
El caos de la Guerra Civil europea ayudó al ascenso de los EEUU como creditores durante el conflicto y como prestamistas en la reconstrucción. En muchos casos éstos de carácter privado y, por lo tanto, de pagamiento imperativo pese a la falta de liquidez. La coyuntura económica y la destrucción europea agilizó el auge de centros económicos independientes de la antigua metrópolis europea, además de impulsar el movimiento obrero con aspiraciones revolucionarias desde la revolución de Octubre de 1917 en Rusia, y que colapsó económicamente Alemania mediante huelgas y motines hasta que fue obligada a firmar la paz. La desproporción de la inflación y la deflación, además de la inestabilidad monetaria, por ejemplo en Polonia circulaban 4 monedas en 1919, se sumaron a la destrucción de las infraestructuras continentales y a la muerte de jóvenes en edad productiva. Todas estas causas crearon una inestabilidad económica dantesca que el modelo liberal-capitalista no pudo hacer frente.
La incapacidad del sistema se tradujo en la incapacidad de las democracias de partido, pues éstas eran las máximas representantes del sistema que comenzaba a ser contestado y que el retorno liberal previo a la 1ª Guerra Mundial a cargo de los EEUUU y las antiguas potencias coloniales, acabó por destruir las estructuras económicas y políticas de los estados más dependientes de la ayuda externa para la propia reconstrucción: los estados del este.
Cuando Lloyd George, ministro de asuntos exteriores británico, y Arish de Briand, ministro económico francés, definieron el este de Europa como “necesitado y dependiente” de occidente se plasmó la paradoja de una Europa aún enfrentada y que terminaría embarcándose en una segunda contienda mundial. Los bancos occidentales no prestaron recursos ni capital para la reconstrucción del este. Tampoco los estados de la recienmente creada Sociedad de Naciones fueron capaces de emanciparse del sistema liberal, el cual promulgó a lo largo de entreguerras la mínima intervención estatal en la esfera económica. La reconstrucción y reparación lidiaba con el egoísmo de. El este se trastocó en el Tratado de Versalles, el cual es chivo expiatorio de aquellos que vinculan la 2ª Guerra Mundial solamente a la distribución europea del tratado. Versalles fue el pico de la poca previsión aliada, un símbolo más de la persecución de la liebre de la recuperación económica y de prestigio político entre antiguas rivalidades y un modelo económico poco capaz.
Pese a algunos reajustes presupostarios dirigidos desde la SN, como es el caso de Austria Estonia, Hungría o Grecia, los bancos europeos de íntegra naturaleza privada no aportaron nada para la recuperación económica. Alemania se desplomó entre vonculsiones políticas y sociales debido a las grandiosas reparaciones de guerra a la que la sometieron, en su mayoría hacia su rencoroso rival, Francia. La destrucción alemana hacía imposible el pago de las indemnizaciones y Francia procedió a la invasión de la zona industrial del Ruhr, en dispura por su importante industria desde finales del siglo XIX. El estudio de la invasión da a conocer las verdaderas intenciones de Francia, preocupada por sí misma y no por la paz económica y su traducción pol´ñitica: Europa pendía de un hilo y la reconstrucción era imposible por sí sola. Solamente la gestión de EEUU neutralizó, aunque a duras penas, el conflicto en el Ruhr, viéndose en 1923 la belicosidad en las relaciones con Alemania que se mantindrían hasta finales de la Guerra Fría.
En la Conferencia Económica Internacional de Ginebra (1927), Francia propuso la Unión Económica Europea, mayormente por la perspectiva de ella misma arruinada, pero que ni los EEUU, en su aislamiento económico, ni GB, sin voluntad de alejarse de su imperio colonial por los restos de la moribunda Europa, dejaron fructificar. Este hecho se vincula a la Europa incapaz y dependiente, de la paradoja de la recuperación económica, la cual no posee ni la voluntad necesaria ni el interés privado que requería el sistema liberal para financiarla. Estos condicionantes exigieron a Francia el intento de cooperar, y a Gran Bretaña el centrarse en su imperio colonial, en declive. El aislamiento al que las democracias occidentales de sometieron grantizó un cierto control de la situación entre los años 25 y 29; aunque el olvido del este y de los perdedores de la 1ª Guerra marcó la devastación económica que perdurará hasta la 2ª GM, aunque la mayoría de veces se olvide.                
Mediante el control de la moneda y el paulatino retorno al patrón oro, Fr, Gb y la Italia de Musolini recobraron la confianza de la inversión privada, atorgando liquididad y circulación monetaria para el dinamismo económico. Los tres países eran profundamente proteccionistas, y aunque los números de productividad y crecimiento sean positivos en estos 4 años, el nivel es muy inferior al anterior de la 1ª GM debido a un crecimiento de las tasas para la producción de productos propios y bienes básicos de consumo que otros centros extraeuropeos empezaban a exportar en masa, por ejemplo la Índia. Otro punto de la Europa de entreguerras que impidió su recuperación fue la voluntad de la burguesía conservadora, en parte debido al miedo al comunismo, de volver a la Europa de antes de la Gran Guerra, olvidando que el impedimiento de cambio de los paradigmas económcios conllevaría una evolución política como la que se llevó a cabo en los países más afectados por la destrucción económica. La falta de inversión en el este bebe de esta fuente. En Weimar se realizaban inversiones y se financiaron préstamos a corto plazo y privados, los cuales inestabilizaban una economía ya de por sí fluctuante. Muchas inversiones se evitarían por miedo a la influencia comunista de Weimar (espartaquistas). El contexto económico influenció la desmembrada Alemania. Las reparaciones eran imposibles de pagar porque no se invertía en infraestructuras e industria, hecho que a su vez mantenía la balanza económica negativa y alimentaba la crispación social, omitiendo más inversiones. La poca previsión de occidente al no suprimir las reparaciones de guerra, o aliviarlas, fuera por rivalidad o por egoísmo, hizo que el desplome de Europa del este fuera continuado y, en la mayoría de los países, indicador que la forma tanto de gobierno como de estructurar la economía de Occidente impedí a la recuperación económica. Las nuevas fronteras promulgadas desde Versalles, las cuales desmantelaron los imperios austrohúngaro, otomano y el segundo Reich alemán, separaron núcleos productivos y sectores de producción totalmente diferenciados, debilitando el antiguo comercio interior de los imperios y creando unas nuevas estructuras administrativas que pronto se percataron del error cometido al dividir los territorios, los problemas de los cuales aún se observan hoy en día. Un ejemplo es el caso de Checoslovaquia y el de Ucraïna. Mientras el primer país alcanzó el patrón oro en 1931 debido a su floreciente industria de los Sudetes, Ucraïna creada entre Europa y Rusa cmo un cojín teñido de aires anticomunistas, era preeminentemente agrícola, y en muchas de sus zonas la producción sobrepasaba escasamente el autoconsumo. Ucraïna nunca estabilizó su moneda y fue imposible de crear una unidad nacional alrededor de la nueva administración.
Cuando se sucedieron el jueves, el lunes y el martes negros se confirmó la incapacidad de Europa de frenar la caída económica mediante el aislacionismo y la no intervención del gobierno. Se reafirmaron las dinámicas, intactas, desde el final de la 1ª GM. El liberalismo finalizó al otro lado del Atlántico sumergiéndose EEUU en una depresión que no finalizaría hasta el estallido de la 2ª GM. Los créditos americanos y las inversiones de privados emigraron del Viejo Continente, imposibilitando cualquier tipo de liquididad financiera de la mayoría de bancos europeos, ahora obligados a cerrar. Se devaluaron las monedas de los países en vías de recuperación a la vez que las fronteras comerciales se alzaban como muros entre Europa Oriental y Europa Occidental, mucho antes que el muro de Berlín Europa yacía dividida.
Aumentó el paro, el consumo y la pobreza se generalizó. El capitalismo como sistema económico soportado por la ideología liberal hizo estragos en Oriente: los precios bajos debido a la devaluación de las monedas hicieron que muchos campesinos, pues la economía del este era preeminentemente agraria, destruyeran el excedente de producción que antaño les había proporcionado un comercio local. El sistema económico y el gobierno eran incapaces de encontrar una solución y para mucha gente las sombras de éste hecho hicieron que la caída europea, la cual a menudo se vincula de modo simplista al Crack del ’29 o al Tratado de Versalles, pero que llevaba más de 10 años de trayectoria descendiente, pareciera no tener fin.